La producción de piezas forjadas de acero para moldes comienza con la selección de un grado de acero apropiado-como Cr12, H13 o D2 de alto-rendimiento, según los requisitos operativos del molde. Las materias primas se someten a análisis de composición química e inspecciones internas de calidad antes de su producción para garantizar la ausencia de defectos como inclusiones o grietas. Como la consistencia de la calidad del material afecta directamente la calidad de forjado posterior y la vida útil del molde, esta etapa está sujeta a controles estrictos.
El tocho de acero se calienta a un rango de temperatura óptimo para garantizar una buena plasticidad antes de forjarlo con matriz abierta- o cerrada-. La forja con troquel abierto-es adecuada para lotes pequeños o formas complejas, mientras que la forja con troquel cerrado-es más adecuada para la producción en masa, lo que garantiza la consistencia dimensional. La compresión y deformación repetidas durante el proceso de forjado refinan la microestructura interna y el tamaño del grano del metal, mejorando así la resistencia y dureza generales de la forja. También se requiere tratamiento térmico y mecanizado de precisión para cumplir con las especificaciones de la aplicación final. Los procesos de tratamiento térmico-como la normalización, el temple y el revenido, o el endurecimiento y revenido-ajustan la dureza y tenacidad del material, alivian las tensiones internas y estabilizan sus propiedades. Finalmente, se realizan operaciones de mecanizado de precisión como torneado, fresado o rectificado para conseguir las dimensiones y calidad superficial requeridas por el diseño. Sólo después de completar estos procesos las piezas forjadas de acero del molde están listas para su uso en la fabricación de diversos moldes.
